En soledad

En el horizonte del piélago azul,
se atisba una ventura,
va corriendo sin parar,
surcando las olas del más allá.

Ella se llenó de lágrimas,
al figurarse que no la quería.
Me dijo que la presionaba
y yo, que no me deseaba.

El cielo se iluminó de claridad,
al comprobar que la sentía.
No puedo estar lejos de ella,
se me escapa la alegría.

Tengo una mies por cosechar,
que nació en un terreno sin sembrar.
Pienso si ha sido un milagro,
casualidad, o se tenía que dar.

Miro tus ojos y me dicen la verdad.
Tú lo sembraste una noche
de luna llena,
que me fui a parrandear.

Cuando sufres por la indiferencia,
de la persona que amas,
en la soledad del martirio,
tú te lo aguantas.

          

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