Visita extraterrestre

Nave extraterrestreAlienigena

Una tarde de niebla cerrada
mirando por la ventana del salón, 
apareció una nave luminosa
con una inmensa luz de color.

Bajó un ser diferente, 
saltando como un gorrión.
Se acercó hacia mi persona
y no comprendí qué exclamó.

Por no saber entenderle, 
me dejó con la ilusión
de conocer a un ser extraterrestre
que era diferente que yo.

Tenía la cabeza puntiaguda
y sin pelo que la cubriera.
Los ojos eran cuadrados
y la mirada entre abierta.

No hablaba mi idioma
pero sí me entendía. 
Tenía brazos largos
y uñas de guitarrista.

Su cuerpo era un retaco, 
igualito a un liliputiense.
No llevaba calzado puesto
y sí un instrumento, que sonaba diferente.

Se puso a tocarlo y lo hacía bien y sin sordina.
Yo le quise acompañar con mi guitarra,
con los mismos acordes y no de bocina,
salía como quería, porque en su mundo así lo hacía.

Me enseñó a tocar su instrumento,
con destreza y musicalidad. 
Eso nos bastó para saber,
que los dos teníamos la misma sensibilidad.

Extraño su forma de andar
cuando viene hacia mí.
Tampoco entiendo su habla
por ser ininteligible.

Cuando nos saludamos
inclina la cabeza hacia atrás.
No sé qué sexo tiene 
o si es hermafrodita.

Creo en el más allá,
pero de una forma diferente.
No creo en los extraterrestres,
creo en una energía emergente.

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