La condena de una mujer

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En una noche de carnaval
encontré a una mujer enflaquecida.
Ella me sacó a bailar
y yo, le dije que no sabía.

Me hablaba sin parar
como si le faltase el tiempo,
me dijo que estaba triste
y yo, suelto.

Después de un rato nos animamos.
Se empeñó en enseñarme a bailar.
Ella insistió tanto,
que aprendí a compasear.

Así empieza una historia triste,
en esta bulliciosa ciudad de Panamá.
Donde la noche viene deprisa
y el amor fugaz se va.

Ella me contó una historia difícil de creer.
Estaba borracha de amarguras,
porque no hacía más que beber
para olvidar con placer.

Sola se fue,
debajo de un puente se hospedó.
No tenía casa ni bienes
y sí mucho dolor.

¿Que habré hecho yo
para esto merecer?.
Doy lo que tengo de amor
y ningún hombre lo quiere coger.

Mientras la gente se divertía, 
un drama en mi corazón se armó
Imploro a la suerte,
para que tenga un vivir mejor.

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