El loro soñador

Mujereando estoy
con ánimo de prender,
a una dama especial
que la pueda querer.

No sé cómo voy hacer
con esa eminente mujer,
si me pide el buen cariño
y no se lo puedo ofrecer.

Qué desequilibrado estoy
que del monte descendí,
para buscar un cobertizo
donde con ella pueda vivir.

Lo mío son las mujeres.
Pienso como un demente,
tengo trastornado el corazón
por querer lo que no siente.

Veo dos ojos negros en tu cara
que brillan como azabaches.
Son dos joyas que tú tienes,
que yo quisiera robarte.

Nunca sé si los raptaré
para tenerlos escondidos.
Prefiero que tú te vengas
para poseerlos contigo.

Mi vida sin mujeres
no tiene sentido.
Tengo que entender,
que la mujer es lo más divino.

Voy a enloquecer
por no tener valentía.
Espero que en el más allá,
deje de pensar en fantasías.

Soy contradictorio,
igual que mi locura.
Pero una sonrisa tuya,
todo me lo cura.

 

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4 comentarios en “

  1. Hola Carlos
    Me ha encantado esa palabra: “mujereando” aunque para mí resulta inquietante. Preferiría una exclusividad. Pero como te digo, esta palabra en términos poéticos y literarios me parece un hallazgo.
    Ojala fuera suficiente una sonrisa o una carcajada. Si solo es eso, o si es hablar, pasear, bailar, vivir con tranquilidad.
    Sabes… cada día me siento más cerca de ti.
    Sin embargo, me inquieta tu realidad…
    Me inquieta tu realidad…
    Estás tan lejos…

    Me gusta

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