Elogio al Moncayo

Camino del Cenobio de Veruela,
se eleva una montaña singular.
La llamamos Moncayo o San Miguel
y es de una belleza sin igual.
Montaña cubierta con túnica blanca a lo largo del año.
Refugio de pinos, con vestidura de ocres claros.
Abedules, álamos y hayedos de colores cálidos.
Acebos, boj y muérdago, de verde todo el año.
Fuente de los Frailes, manantial de ojos grandes,
abrevadero de jabalíes, corzos y gamos.
Vistos desde su atalaya los pueblos cercanos,
respiran un aire puro y sano.
Pájaros que vuelan, con su poder majestuoso.
Muchos pían en los árboles frondosos.
¡Qué suerte poder visitar
el Santuario de Nuestra Señora del Moncayo!.
Su falda acoge bellos colores
en las cuatro estaciones del año.
¡Qué atrayente descubrir el Parque Natural!
y lo que acoge en su seno guardado.
Jardín de plantas medicinales,
aromáticas y ornamentales.
Huelen sus fragancias,
de tomillo, romero y lavanda.
Moncayo, tienes nombre masculino,
porque un hombre así te lo puso.
Montaña, que cual mujer
luces toda tu hermosura.
¡Qué bonito entorno con Veruela!.
Lujoso lugar a los pies del Moncayo.
Posada de Gustavo Adolfo Bécquer, 
poeta noble y admirado.

 

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