Poemas agridulces II 

A lo lejos veo una luz tenue,
que alumbra entre la bruma.
Es el faro que ilumina a los duendes,
que vienen a hacerme compañía.

Benditos estos trasgos,
de mente revoltosa y fría.
No los puedo controlar,
¡Enseguida se amotinan!.

Desaparecen en la oscuridad,
dejando presente su misterio.
Se cobijan en la casa, dónde nacieron.

Intento que salgan deprisa,
no me hacen ni caso…
Se quedan… Pero no a la vista.

Un comentario en “

  1. Encuentro en el poeta, sinceros y elevados sentimientos que no tocan lo mundano, todo lo contrario, se acerca a lo divino para expresar amor, a un amor no correspondido. No encuentro en el poeta egoísmo, ni rencor. Todo lo contrario, veo en él, la invitación para un nuevo amor e incluso también para el viejo con los brazos abiertos.
    Veo en el poeta la inspiración constante para todos los acontecimientos. Vive profundamente cada momento y una suerte de sortilegio le traerá a alguien inesperado que viene con los brazos abiertos para dar a sus poemas nuevos aires de esplendor.

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