Mujer incrédula

 

Un día me encontré
a la salida de un tren,
una mujer esplendorosa,
que yo soñé alguna vez.

Tenía los pies planos
y la cabeza al revés,
sabía de mis poderes
para ponerla bien.

Quise conocerla de tirón,
pero ella se impacientó.
Quería que la sanara
para presumir un montón.

Yo tengo una bandeja
donde pongo lo pendiente,
abrazo las estrellas
y las enciendo con mi mente.

Qué pena,
que tenga cosas pendientes.
¡Qué suerte!,
que pueda curar a los terrestres.

Mi poder no tiene afín,
como no lo tiene el calor del sol.
Mi mente es transparente
y se ve, mi poder de curación.

No quiero retrasar tu petición,
eres tú mi elegida
para mi demostración.
Te pongo mis manos encima
y tienes la sanación.

¡Mujer incrédula!, 
que no confiabas en mi poder,
te demostré que te arreglaba,
¡Te quería para mí, tener!.

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