El corzo blanco

 

Bajé del monte
y me encontré solo en la gran ciudad,
entre la multitud que me aislaba.
No supe hacia dónde caminar.
Pensé que todos querían ir a mi caza
y conmigo terminar.
Es una paranoia en mi cerebro
que debo erradicar.
Pensar que cada uno va a lo suyo
con ánimo de triunfar.
No comprendo que sea así,
pues en mi mundo, yo soy el Alfa de la manada.
Para vivir, no necesito más que un poco de pasto
entre los árboles y en la pradera del lugar.
Estoy asustado por la eventualidad
de que, un ser humano un día,
me tenga en su punto de mira
y me dispare para quitarme la vida.
¡Qué crueldad!.
En mi especie eso no se da,
entre todos nos protegemos para vivir más.
Esos humanos que matan a su misma especie,
¡Por matar!.
Nos llaman animales salvajes, viviendo en libertad.
Nuestro lenguaje es de gestos y ladra, para el apareo.
Esperaré a mi hembra corza y seré feliz con lo puesto.
A las cuarenta semanas, nacerán los corcinos.
Esta es la historia donde se demuestra que las personas,
no sabemos respetar.
Admiremos la Naturaleza y dejémosla vivir en paz.

 

 

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