Archivo del Autor: jalicachas
Alcoholizado
Consumo mi vida,
de una forma suicida.
No me cuido lo mínimo,
por culpa de la bebida.
No quiero acusar,
a mi falta de voluntad,
del caos en mi cabeza,
que me tiene empapado en miseria.
No sé cómo he llegado,
a esta situación impropia.
Mi mal genio lo expando,
ante los que me adoran.
Hoy tengo mala solución,
por no poner antes remedio.
No puedo hacerme con mi control,
ni enmendar mi falso criterio.
Qué pena me doy por insensato,
al oler mi cuerpo entero a licor.
Quiero acabar de una vez con esto,
para recuperar mi estima y honor.
Las personas en mi situación,
no vemos nuestro quebranto.
Sufren los de mi alrededor,
por el amor considerado.
No puedo beber alcohol,
ni con moderación.
Nunca debí pasar la línea…
Me creo adicción.
Poemas agridulces I
La brújula marca el sur,
donde quiero reposar.
Deseo encontrar la luz,
en una mujer maravillosa.
Caminaré sobre tus pasos,
al amparo de mi fantasía.
Culminaré los propósitos,
bajo el hechizo de tu alegría.
Un día te daré la palabra,
para que ensartes tus verbos,
hacia la persona del pretexto.
Solo siento la calma,
si las palabras no agreden,
al enamorado ardiente.
Poemas agridulces II

A lo lejos veo una luz tenue,
que alumbra entre la bruma.
Es el faro que ilumina a los duendes,
que vienen a hacerme compañía.
Benditos estos trasgos,
de mente revoltosa y fría.
No los puedo controlar,
¡Enseguida se amotinan!.
Desaparecen en la oscuridad,
dejando presente su misterio.
Se cobijan en la casa, dónde nacieron.
Intento que salgan deprisa,
no me hacen ni caso…
Se quedan… Pero no a la vista.
Nunca
Nunca creíste la verdad de los hechos,
cuando llorando confesé…Te quiero.
Buscándote pasé los días oscuros,
hasta alcanzar nuestro encuentro.
Nunca recibí el calor de tu cuerpo,
por cerca que me ponía a tu socaire.
Me prometiste contemplar los hechos,
para complacerme como merezco.
Nunca sabré si tus ojos verdes,
te dejan verme con claridad.
Te miro desde lo alto de una nube,
pintada en un trozo de papel.
Nunca sentí tus deseos de amarme,
aun sabiendo que me dolía el alma.
No manifiestas compasión conmigo,
ni ganas de resarcirme con cariño.
Nunca lamentaré el dolor de tus delirios,
porque soy inmune a tus desatinos.
No quiero cicatrices por tus desaires,
ni rasguños en mi corazón herido.
Nunca quiero despreciar lo divino,
ni tampoco lo que viene del ser humano.
La maldad en nuestro género sobra,
porque siempre acarrea un daño.
Nunca tendré mi alma desnuda en otoño,
porque está dotada de hojas perennes.
Mi corazón lo guardo siempre intacto,
en las cuatro estaciones del año.
Nunca seré yo quien tire la primera piedra,
a este abrevadero del buen amar.
Contigo me sacio a diario de buen cariño
y retengo para mí, lo que tú me das con amor.
Nunca diré de este agua no beberé,
porque cuando menos esperas, nace una ilusión.
A partir de ahora, yo la alimentaré,
con el amor que guardé para ti siempre.
Nunca pensé navegar a vela y remos,
en tus mares de esperanza y sentimientos.
Tú sabes que te amo y anhelo vernos,
porque no hay mayor felicidad,
que el deseo de querernos.
El brillo de mis deseos
Necesito conocer tu templo santuario,
para saber dónde vives
y cómo vives, mi amor.
Para mí eres muy importante,
porque con el paso de los días,
siento una profunda sensación,
que embriaga mis sentimientos.
Qué bien nos sentimos,
cuando los dos juntos
disfrutamos hasta desfallecer.
Me he quedado sin fuerzas
y siento, en un charco de lágrimas,
que te pueda perder.
El brillo de mis deseos,
se apaga poco a poco,
con el paso del tiempo
y quiero satisfacer antes,
una sana necesidad que yo tengo.
Intercambiar nuestros corazones,
de mano a mano
y reponerlos en nuestros cuerpos.
Algo me dice a mí,
que estamos en lo cierto.
Que no morirá nuestro amor,
porque lo nuestro es eterno.
Recuerdo, cuando paseaba
mis dedos por tu cuerpo
y no los podía controlar.
Ahora cuando lo pienso,
aún se remueven mis sentimientos.
Quisiera saber…
Cuál será nuestro final
y lo que en él, ocurrirá…
Nunca más…
Ya no siento dolor en mi corazón,
cuando me dices palabras con desprecio.
No tienes razón para ser ofensivo conmigo
y mucho menos, habiéndote querido.
Nunca quieres recordar,
que me dejaste sin yo saberlo.
Tu inclinación siempre fue al mal,
porque naciste con esa malignidad.
Dañaste mi cuerpo con tus palos,
soportando tus desprecios y tus gritos.
Las noches que sufrí contigo,
solo son comparables a un suplicio.
Nunca me dijiste amor te quiero,
pues no lo sentías, por tu mal instinto.
En el recorrer de mi larga vida,
encontré un hombre mal encarado,
maltratador, cobarde y agresivo,
que intento hundirme la autoestima,
al querer ser el protagonista en mi ruina.
No dejaré que me amargues más en vida,
por ser condescendiente contigo.
Hasta aquí he llegado y ya no te sigo,
nunca más cumpliré lo prometido,
porque dejaré de estar contigo.
No tuve tiempo de tener paz,
al vivir en una permanente escaramuza.
Hoy soy feliz en mi soledad,
al acabarse las luchas.
No sentiré tu olvido,
porque me he reintegrado a la vida.
Aprenderé a pensar en mí,
al regresar de esta guerra,
porque es mejor vivir sola,
que en pareja sin cabeza.
Elogio al Moncayo
Camino del Cenobio de Veruela,
se eleva una montaña singular.
La llamamos Moncayo o San Miguel
y es de una belleza sin igual.
Montaña cubierta con túnica blanca a lo largo del año.
Refugio de pinos, con vestidura de ocres claros.
Abedules, álamos y hayedos de colores cálidos.
Acebos, boj y muérdago, de verde todo el año.
Fuente de los Frailes, manantial de ojos grandes,
abrevadero de jabalíes, corzos y gamos.
Vistos desde su atalaya los pueblos cercanos,
respiran un aire puro y sano.
Pájaros que vuelan, con su poder majestuoso.
Muchos pían en los árboles frondosos.
¡Qué suerte poder visitar
el Santuario de Nuestra Señora del Moncayo!.
Su falda acoge bellos colores
en las cuatro estaciones del año.
¡Qué atrayente descubrir el Parque Natural!
y lo que acoge en su seno guardado.
Jardín de plantas medicinales,
aromáticas y ornamentales.
Huelen sus fragancias,
de tomillo, romero y lavanda.
Moncayo, tienes nombre masculino,
porque un hombre así te lo puso.
Montaña, que cual mujer
luces toda tu hermosura.
¡Qué bonito entorno con Veruela!.
Lujoso lugar a los pies del Moncayo.
Posada de Gustavo Adolfo Bécquer,
poeta noble y admirado.








