El desván

 

Olvidados tengo mis recuerdos
en el desván de mi abuela,
en él encuentro juguetes
que no recordaba hubiera.

Tengo un caballito
de cartón, de cartón piedra,
pensaba que lo había perdido
y lo encontré a la primera.

Qué alegría sentí al verlo,
me traslada a mi niñez.
Me montaba de pequeño
y por el suelo otra vez.

Tengo más cosas
con las que jugaba,
encuentro recuerdos
que me emocionaban.

Ahora viejo y decrépito,
siento nostalgia
por los años pasados,
desde mi infancia.

Acaricio con mis manos
arrugadas y torpes,
los juguetes de mi ilusión.
Han pasado muchos años
y los recuerdo con amor

     En mi ausencia

Quiero elevar el ancla
y navegar al puerto de tus deseos,
quiero que me recibas
con los brazos abiertos.

Estuve años surcando mares,
esperando el día de mi regreso,
siempre tuve la esperanza
de llegar a buen puerto.

Qué alegría siento.
Se acabaron los vientos.
Yo desfallecí muchas veces,
pero luché por mis deseos.

Ya no estoy solo,
te abrazo y te beso,
me prometes amor,
yo, lo quiero eterno.

Te planteo casarnos
y todos los días vernos,
no separarnos nunca,
ni para el rezo.

Cuando sueñas en voz alta,
me entero de lo que piensas,
no me gusta lo que oigo,
dices haber amado a otro hombre en mi ausencia.

Mi tardanza en el regreso,
fue larga y con silencios.
¡Jamás pensé que me dejaras
por un moreno!.

 

     Sin Brazos

Soy un hombre que sin brazos nací,
quiero que sepas,
que no puedo trabajar,
pero sí pensar en ti.

Con mis pies prensiles,
sujeto el tallo de una flor.
Tú mirada me contempla
con dolor y compasión.

Yo quiero ofrecerte
un destino de ilusión,
siento la desgracia
con resignación.

Los pies me sirven
para algo más que caminar.
Pinto y dibujo, con destreza ejemplar.
¿Cuál será mi futuro?.

Busco una mujer, 
que me sepa comprender,
que sueñe como yo
y me preste sus brazos.

¿Por qué la vida y el destino
han sido tan ingratos?.
Yo, no tenía deseos
de venir a este Mundo sin brazos.

Los médicos dicen, 
que fue un mal embarazo.
Yo disculpo a mi madre
de haber nacido sin brazos.

La gente me mira,
como si diese compasión,
Me da lástima que me miren
con ojos de dolor.

Miro al cielo,
en busca de una luz,
eterna como el Sol.
Espero que algún día,
me encuentres tú.

             La Huida

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Varado tengo el sentimiento
en un camino de desdichas,
por no saber guardar a tiempo
la lealtad a una dicha.

Distancias que separan
cuando nace la mañana,
en el camino se marca
la dirección de tu marcha.

Las ilusiones que tenía,
se quemaron al dejarte.
El viento se llevó las cenizas,
sin dejar huella para encontrarte .

Con temor quiero olvidarte,
la cobardía me invade,
mis sentimientos te recuerdan,
como algo muy grande.

Preso de tortura estoy,
gritos de sentimientos doy,
voceo de pasión, notando la impotencia
de haberte perdido.

Solo, cubro el trayecto.
Me marcho con la estampida,
no miro hacia atrás,
por no denunciar la huida.

Huyo del dolor,
huyo de la mentira,
huyo del amor,
por pura cobardía.

Arrepentido me siento
y como castigo me he impuesto,
alumbrar mis sentimientos.

     A una flor Rosa

En un jardín de flores,
encontré una rosa
vestida en su color.
Era maravillosa, no parecía una flor.

Tenia una figura,
en todo su esplendor.
Su belleza era casi inalcanzable,
por su perfección.

La tomé entre mis manos y me pregunté
¿Ésto es ilusión o realidad?.
No dejé de acariciar la suavidad de la rosa,
que acababa de encontrar.

La puse en lo más alto,
la puse en su altar,
para que no se me olvide,
que siempre la quiero admirar.

Rosa, flor única,
apreciada por tu aroma.
Flor maestra de la belleza,
te cuidaré todos los días de mi vida,
hasta que muera.

No dejaré que te marchites,
no permitiré que me olvides,
no quiero que se acabe,
tu lozanía del primer día.

Eres especialmente admirada,
por tu armonía y olor.
Tú que alegras cualquier evento,
tú eres querida, en cualquier momento.

 

            Tú apareciste

 

En una mañana fría de enero,
cuando el rocio blanquea
los tejados de mi pueblo.
Siento una convulsión, que me deja perplejo.

La saliva impregna mi lengua
cuando algo quiero decirte.
No me salen las palabras,
se asustan mis sentidos.

Tu cuerpo sale de una nube blanca,
como virgen inmaculada,
llena de perfecciones,
en un rebullo de pasión.

Todos quieren verte y amarte,
quererte y adorarte.
Tú escuchas mis peticiones,
me perdonas y me das tus bendiciones.

Voy caminando sin hacer ruido,
no quiero que nadie se dé cuenta.
Ando con sigilo y buen paso,
para que ella me vea.

      

 

           A mi querida Madre

En tus entrañas me crié
antes que me parieras,
nueve meses me llevaste sin quejarte,
feliz y contenta.

Un día me alumbraste y me diste la existencia,
te escribo este poema como homenaje,
para agradecerte,
lo más importante que tengo, mi vida.

En este Mundo yo te agradezco,
que hayas sido buena madre
y me hayas dado todos tus sentimientos.
Hoy los guardo, en el tarrito de mis recuerdos.

uAhora que ya no te tengo,
te recuerdo en silencio.
Te hablo desde la ventana de la esperanza,
igual que cuando era pequeño.

Sé que tú me hablas,
aun sabiendo que no te escucho.
Estás en el cielo entretenida, cuidando a tu familia,
ayudando a llevar esta pesada carga, que es la vida.

Por ti rezo,
para recordarte todos los días.
Sé que me esperas ahora,
para acompañarme en la otra vida.

Querida madre, yo quisiera expresarme,
como tú te mereces y yo deseo.
Que sea tarde el día de nuestro encuentro,
pues en este Mundo me necesitan,
todos los que tú dejaste y yo quiero.
.

 

 

 

 

 

     Última voluntad 

En el cementerio hay silencio,
respiro paz con un frío intenso.
Lugar de descanso divino,
de nuestros seres queridos.

Mi madre falleció
un día inesperado,
se fue tranquila,
a reunirse con su amado.

La voluntad de los fallecidos,
era en la eternidad estar unidos.
Se cumplió sin discusión.
Ahí descansan los dos.

Ayude al enterrador, 
a sacar los restos de mi padre,
él quería estar junto a ella
y que nadie los separase.

¡Qué somos y en qué nos quedamos!.
Somos pasto de gusanos.
¿Para qué tantos palos,
si luego nada nos llevamos?

Los que aquí seguimos,
su memoria honramos.
Llevamos ramos de flores
y también les rezamos.

Mucho tiempo ha pasado,
siempre los recordamos,
agradecemos que nos dieran la vida,
a los cuatro hermanos.

En recuerdo a mis padres
Ángel y Amelia allá donde estén.

     

                Un mal sueño

 

La luz de mis ojos
se tiñe de oscuridad.
En mis sueños vivo historias recientes
que no me dejan descansar.

Veo mis sentimientos levitar,
por encima de la tierra.
Siento tus caricias,
con la misma fuerza .

Tengo miedo que no sea realidad,
no quiero despertar.
Siento estar encerrado,
cumpliendo una pena.

Agarro con fuerza
los barrotes del sueño,
sufro mi tristeza
en la soledad de mi celda.

Junto al suplicio del dolor agraviado,
tengo vitalidad para redimir mi condena.
La fuerza de mi mente, desata
los grilletes y cadenas que me atan.

Al despertar una mañana,
veo que me he liberado
de los dolores y las penas,
de la amargura y mis arrebatos.

Pues mi juicio no fue justo,
como injusto fue mi sueño.
Los juicios en sueños,
dañan los pensamientos.

    El día que yo muera

Imagen 148

Cuando el día acaba de dar las últimas bocanadas,
empieza la noche del óbito.
Con la fuerza de la maldad,
la enfermedad y la desesperanza.

Triste pesar, 
que la vida pueda terminar,
sin poder evitarlo.

Cuando el árbol pierde la hoja,
lo aceptamos como causa estacional.

Cuando el mar rompe las olas,
lo aceptamos como algo natural.

Cuando Dios rapta la vida,
se termina por expirar.

Yo no quiero alarmar,
pero todo está en la Ley de la vida.

Yo no quiero cavilar,
que un día a mi ya me llegará.  

Yo no quiero pensar,
que he de partir al sueño de la eternidad.

El día que muera, no quiero que me incineren,
quiero reposar en tumba y estar con mi gente.

Quiero recibir flores y que me recéis.
Desde la otra vida,
os protegeré y os ayudaré a seguir vuestro camino.
Deseo que sigáis estando muy unidos.

Os cogeré de la mano en vuestro pensamiento,
os daré fuerza en el sufrimiento.
Tener presente que la vida es lucha.
Mientras me recordéis, no estaré muerto.